Que la tinta que deslizo en forma de escritura sea una bala en la sien del necio, un cañonazo en la conciencia trémula del cobarde.

lunes, noviembre 27, 2006

FUERON

Se levantaron, corrieron, devoraron, y corrieron.
Entraron, bebieron y pelearon. Lloraron, escupieron y
corrieron. Se escondieron, se lamieron, succionaron y
penetraron. Fornicaron. Los descubrieron y apresaron.
Explicaron, se disculparon, regresaron y se acostaron.
Odiaron y vociferaron. Invocaron, decidieron y
salieron. Se exhibieron, demostraron y horrorizaron.
Gritaron y los escucharon.
Los detuvieron y torturaron. Los enjuciaron y
perdieron. Se defendieron, apelaron, ganaron y los
liberaron.
Se burlaron.
Los odiaron.
Los buscaron y lincharon. Los sacrificaron.
Los enterraron.
Los olvidaron.
Los descubrieron.
Los cantaron, pintaron y escupieron.
Los escribieron, poetizaron y musicalizaron.
Los amaron.
Los mitificaron.
Los asimilaron.
Los comercializaron.
Los neutralizaron.

viernes, octubre 27, 2006

LAS COSAS DE SIEMPRE


Las "cosas de siempre" ya no son las "cosas de siempre" cuando son vistas (y comunicadas) por alguna persona. Me explico: Después de Van Gogh los girasoles nunca más fueron los mismos.

Es por eso que cuando alguien con la suficiente sensibilidad y lucidez posa la mirada de su alma en "lo que sea", luego cuando nos lo describe, ese "lo que sea" nos revela una parte o toda su enorme belleza sumergida.

Con colores, palabras o sonidos; con formas, texturas o silencios; todo, o casi todo, es descubierto gracias al vasto lenguaje.

Hace un tiempo, tuve la suerte de atestiguar cómo una actividad, que algunos mencionan como banal y otros como fútil, se convierte en algo casi épico gracias a lo que podríamos llamar una "mirada poética".

Y eso es alquimia pura.

Alguna vez, escuché de un viejo futbolero de barrio lo siguiente: "¿Usted cree en el fútbol? Mire, nosotros, con toda el alma. Porque es la gran epopeya del presente, la guerra sublimada, el Olimpo encerrado entre cuatro tribunas", me recitó inspirado el ronco relator.

Continuó su lectura, que a veces era interrumpida por lo roído del papel. "Son dioses en disputa jugándose el reinado sobre tristes mortales. Batallas de domingo. Es el gran papel verde donde escriben poesía, empeines y cinturas. Barra de equilibristas que enfrentan su destino bailando en una raya".

A lo que tras un largo silencio, con aires de místico, remató: "La angustia de bolea, la vida de taquito, morir de sobrepique. La gran inspiración que sale del túnel a pintar hermosuras, sin llamarse pintor, a transpirar de vida su vieja camiseta. Es el arte del siglo".

Ya el viejo agotado por el esfuerzo, sólo concluyó diciendo: "Por culpa de este añoso y maltratado papel es que todos los domingos, semana tras semana, dejo todo y parto a la cancha. Siempre, tras el sueño dominical".

miércoles, octubre 25, 2006

Solito el 8, Pinocho!


Solito el ocho... Pinocho, cantaba con desbordada alegría mi abuelo cada vez que se jugaba a la Lotería en mi casa. Para él, en ese entonces, sólo una trivial burla a quién ejercía el total control sobre una país completo. De cabro chico jamás pensé que las anodinas bufonadas de aquel añejo marxista podrían, alguna vez, ser proféticas.

Y es que cuando comenzó a brotar el escándalo de las cuentas secretas del Banco Riggs, sus ex–colaboradores e incondicionales amigos en los ochentas, comenzaron a dejarlo solo. Incluso los críos más devotos del semillero de Chacarillas han tratado de desmarcarse de su añosa figura. Así también, de las millonarías ganancias que otrora les dejó el "Gobierno" Militar.

Joaquín Lavín, funcionario de la dictadura y autor de "La revolución silenciosa", obra que sin miramientos alababa su labor, ha señalado en innumerables ocasiones que, de haber conocido esto, no sabe si hubiera votado por el SI en el plebiscito de 1989. Desde Joaquito hacia abajo, hoy todos mantienen diferencias irreconciliables con los años de la negra dictadura en nuestro país. ¿Qué dirán ahora cuando aparecieron 9 mil kilos de oro en Hong Kong?. Espero con ancias las declaraciones que se vertirán en las tiendas de derecha.

El 24 de noviembre de 2004, día en que el juez Sergio Muñoz decretó el embargo sobre todos los bienes del General Augusto Pinochet Ugarte, ningún edil de nuestra ciudad dejó de recoger las basuras en alguna embajada, consulado o representación diplomática. Pareciera ser que a Daniel López, el juez Muñoz también le embargó a los amigos.

¿Entre tanto millón que escondió don Augusto José Ramón, nunca habrá pensado en guardar algún amigo?. Porque, a estas alturas, ya no sé que será peor para Pinocho!, si no tener amigos o mantener como única e imperecedera amistad a Iván Moreira.

viernes, septiembre 29, 2006

El fútbol a sol y sombra

Criticar la obra de Galeano sería necia altanería.
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Hacer de estas líneas un soporífero sería bastante fácil. Al hablar de Galeano, podría llenar la hoja con los típicos lugares comunes de aquellos puristas seudo–intelectuales que continuamente desgarran sus vestiduras para opinar del fútbol y sus devotos. Sería sencillo perseguir rebuscadas maneras verbales para señalar "lo placentero que es desenvolverse en el romanticismo de un añejo marxista que, a través de su calidad narrativa, entrega un riguroso y conmovedor relato acerca del fútbol y sus personajes". ¡Sólo basura!.
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Y es que a más de alguno le llenaría de orgullo entonar que "El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano es una lectura obligada para quienes desean introducirse al conocimiento del deporte rey". Asimismo, le fascinaría maniatar los modos y los dichos de aquellos pedantes que, con ese altivo descaro que les otorga el conocimiento, en esas trasnochadas tertulias de café y galletitas, se atreven a decir que el fútbol es tal y cual cosa… Y bla, bla, bla… ¡Pura mierda!. Ojalá, alguna vez hayan estado parados a cinco metros de una cancha o sentados al sol en un maltratado y áspero tablón.
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Por ahora, lejana a mí esa vanidad de los estilistas, creo que sería una tontería que un novel aprendiz de periodista se alzará arrogante a analizar la obra de Galeano o a hacer un manifiesto sobre el fútbol. En los renglones colindantes, hay bastante poco de teoría, efemérides o citas célebres de autor. Si se busca una enciclopedia literaria–futbolística, siendo sincero, acá no está. Sin embargo, hay mucho de un cabro jugo de pelota que espera reseñar, con algo de cordura, porqué el libro de Galeano lo dejó, como dicen las viejas siúticas, marcando ocupado.
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Galeano logra reivindicar al fútbol como arte, como expresión estética, como fuente de rebelión contra lo establecido. Consigue retratar a quienes desde la marginalidad de la cancha de tierra, el amor por la camiseta, el tiro con chanfle y la magia de la finta hacen del juego algo más que veintidós hombres corriendo desaforadamente tras un balón.
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Resulta alucinante el llamado que hace Galeano a no olvidarnos de los verdaderos dueños del balón. No se entrega a aquellos que, con saco y corbata, manejan al juego como una divisa. Con su pluma rescata a los desheredados que con la pelota de trapo o con el balón roto, sobre una cancha de tierra, a veces improvisada con líneas imaginarias, labraron una esperanza en cada partido y en cada gol.
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En El fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano propone la esencia de un juego que es mito y quimera dominical.

miércoles, septiembre 20, 2006

¿Quiénes son nuestros amigos?

¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Los que piensan como nosotros? ¿Aquellos con los cuales podemos establecer algún tipo de igualdad, de semejanza? ¿Aquellos con los que compartimos la misma escala de valores, la misma concepción del bien?

¿Esos son nuestros amigos? ¿Los semejantes? ¿Aquel con quien coincido casi en todo? ¿Ese otro “yo”, que como un espejo, devuelve mi propia imagen?, ¿me sirve de reflejo para profundizar mi forma de ver el mundo?, ¿me hace seguir constituyéndome tal como soy?

Alguien dijo que la amistad es la fusión de dos voluntades en una misma unidad. Dos almas que se fusionan. Cuatro ojos, pero una misma mirada sobre las cosas. ¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Aquellos con los que de antemano me puedo fusionar en una unidad? Si para que haya amistad, tiene que haber semejanza, ¿quién debe asemejarse a quién? ¿Él a mi o yo a él? Y cuando se produzca la fusión, ¿qué me va a diferenciar del otro? ¿A quién no entenderé? ¿Cuál seguirá siendo mi misterio?

¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Los que piensan como nosotros? ¿Aquellos que pensamos que piensan como nosotros? ¿Los que se consideran como nosotros o los que consideramos como nosotros? ¿Quién impone el “nosotros”? ¿Quién piensa?

No obstante, además de semejanza, entre dos amigos debería haber reciprocidad. La amistad sería un acto de intercambio, pero de intercambio justo: si doy es porque recibo. De allí la necesidad de semejanza: solo quiero recibir aquello que tenga que ver conmigo. ¿La reciprocidad justa no es más que un contrato económico?

¿Dar a cambio de algo? Y de un “algo” que deseo. Mis amigos son mis semejantes, mis amigos son aquellos con los que establezco una relación de reciprocidad. ¿Soy solo amigo de mi mismo puesto en el otro? Mis amigos son la proyección de mi yo. ¿Qué proyecto en el otro? Mi propia concepción del bien, visión de lo real, escala de valores, sentido del mundo. ¿Proyecto o impongo? ¿Semejantes o asemejados? ¿Reciprocidad o egoísmo?

¿Para qué tener amigos de este modo? ¿Para someterlos? ¿Para tranquilizarse? ¿Para contenerse? ¿Para dejar de incomodarse? Mi errancia existencial se disipa si nada me resulta extraño, mi miedo a lo desconocido se atempera si a todo lo construyo cognoscible, mi ruptura esquizofrénica se reconcilia si mi otro “yo” siempre es el mismo yo fotocopiado.
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¿Para qué quiero tener amigos de este modo?
Si a un amigo lo busco para que me calme, más eficiente es un Ravotril.
Si a un amigo lo elijo por reciprocidad, más productivo es un asalariado.
Si a un amigo lo acepto por semejanza, más efectivo es un espejo.

Nietzsche decía algo así como “mi mejor amigo es mi mejor enemigo”. Ese otro que como un enigma me compele a revisitarme todo el tiempo. Aquel que en su otredad, me arroja contra la mía. Aquel que no es mi semejante, porque no busco asemejarlo, sino extrañarme.

Ese “extraño extranjero” al que no entiendo, pero que en esa incomprensión radica mi apertura y mi hospitalidad. Poder toparnos con el otro y en la incomprensión, aprender. Crecer. Mutar. Perseguir una identidad en permanente cambio, concebir lo propio como lo que está abierto a la transformación incesante.

Un amigo me desafía. Me interpela, me pregunta lo que no puedo responder. Un amigo se me escapa, nunca lo puedo terminar de recorrer, deja siempre abierto un sendero extraño. Aquel camino misterioso que me convoca a realizar mi finitud.

¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Los semejantes? ¿Los recíprocos? La amistad es un don. Uno da, y punto. No hay ley, ni contrato, ni reglamento. Solo un acto de amor al otro, pero al peor otro, al que según mis parámetros de semejanza, no se lo merece.

En la amistad “uno da lo que no posee”, ya que uno no sabe que lo que está dando no es más que la capacidad con que el otro se siente un extraño ante mi presencia. Generar en el otro extrañamiento es ayudarnos mutuamente a extrañarnos, y por ello a extrañarnos.

La fidelidad es una donación, es un regalo. Cuando la fidelidad se vuelve un contrato, ya no hay don, no hay donar, no hay un dar. Pero lo complejo es dar a lo que no se asemeja, porque uno no sabe qué recibirá a cambio. Tal vez nada, tal vez lo que uno no espera.

sábado, septiembre 09, 2006

"Algún día espero olvidar tanto dolor"

El hombre que vió mutilados dos de sus dedos anhela que el tratamiento médico que recibe, le salve su mano.

Inquieto mira su mano. Prueba moverla. Sólo tres de sus dedos le responden: El pulgar, el índice y el corazón se cierran a su orden, mientras, el anular y el meñique palpitan sin reaccionar. Entre temblores, Leandro Tobar Penjean, el trabajador que sufrió el corte de dos de sus dedos en un asalto, dice que “sólo quiere dejar de lado lo que pasó”.
Su rostro nervioso, al igual que sus dedos, no entrega respuesta. Pues él, no quiere recordar, dice que prefiere olvidar. “Hacer como que esto nunca sucedió”. No obstante, las heridas en su mano, no le permiten hacerlo.“Me miro la mano y recuerdo lo terrible que fue. El dolor que siento me revive todo el día lo que ocurrió y me desespera el no poder borrarlo de la memoria”, señala el hombre desconsolado.
Aparece el llanto y oculta la cara. En lo oscuro de la habitación, sus ojeras enconden las lágrimas. Y se calla. “No quiero hablar así, ni que nadie me vea”. Llora. Se ahoga. Se le pierden las palabras, respira profundo y continúa. “Llevo más de tres semanas internado y no sé cuando podre salir. Además, estoy islado por posibles infecciones. Es desesperante el encerramiento”.
Y nuevamente toca su mano. El intentar percibir sus dedos es recurrente. Entre las vendas, los siente. Están ahí. “El meñique está tibio”, señala. Luego de esto, se tranquiliza.“El no poder saber con certeza si mañana tendré todos los dedos de mi mano me tiene mal, destrozado. Algún día espero olvidar tanto dolor”, afirma.
De súbito pone sus manos frente a su cara. Las gira a un lado y otro. “Es casi un milagro el tener mis dedos, aunque sea así. Debieron estar tirados como una hora en la cancha”. Se silencia y cierra los ojos.
En negro comienza a recordar. “Ellos me amordazaron, colocaron mi mano izquierda sobre mis rodillas y con algo cortaron mis dedos para robarme mis anillos de oro y plata”, evoca.
¿Recuerdas quién te atacó?
No. Me acuerdo de cómo cortaron mis dedos, pero no de las caras.
Entonces, ¿no es cierto que tú reconociste al menor?
Eso salió en la prensa, pero yo nunca he dicho que el joven que detuvieron fue quien me cortó los dedos.
¿Ni por rencor lo acusarías?
No. Uno no puede acusar a alguien en mi estado. Si no recuerdo las caras podría acusar a un inocente.
Pero si fuera culpable ¿qué le harías?
No sé. Yo creo que nada, no quiero venganza. Es tanto el dolor que ya sólo quiero olvidar.
Aparte de eso, ¿Qué más esperas del futuro?
Por ahora, no perder mis dedos. Que el doctor los pueda salvar y que sigan conmigo.

lunes, agosto 28, 2006

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

Sabía usted que hasta los años setenta el Periodismo chileno se ganó un bien merecido respeto. Sí, ¡respeto!. Un sinónimo de admiración, consideración, estimación, etc. etc. etc. ¿Suena raro, no?. Y eso no es todo. Más insólitas aún le podrán parecer las palabras de un ducho que, en cierta ocasión, se arriesgó a decir que nuestro Periodismo era robusto y agudo. Que su fuerte –como correspondía al estado del arte– la prensa escrita, contaba con plumas vigorosas y a veces apasionadas, pero habitualmente responsables y creíbles. Que cumplía un rol fundamental en el quehacer del país, que construía la historia del día a día en Chile.

Es la sentida añoranza que hoy un avezado Abraham Santibáñez hace de sus años mozos. Nostalgia experimentada por él y por cuantos nos dedicamos al Periodismo. Cuando la juventud ya no es característica en Abraham, el respeto no es propio de la profesión de periodista. Curiosidad aparte lo que el paso del tiempo ha provocado en Santibáñez, cabe preguntarse que hicieron los años en el Periodismo.

Si le dijese que en los renglones colindantes encontrará una explicación del rol fundamental que cumple el ejercicio del Periodismo en el Chile que usted conoce, lo más probable, es que me acuse de charlatán. ¿Un rol indispensable la prensa? Acaso, ¿pueden tener alguna importancia los periódicos, la televisión o la radio? Lo sé, desde el balcón, los periodistas nos vemos como meros bufones, individuos triviales que por alguna razón desconocida se dedican a formular, redactar y propagar sandeces.

Entonces, ¿Por qué ha de detenerse a leer las palabras de un novel periodista? A simple vista, un inexperto condiscípulo de los otros. Pues bien, le pido un voto de confianza… Usted, no me juzgue a priori, que yo le prometo no hablar de Brujas ni de Machos, no mencionar a la Bolocco ni a la Salazar, e intentar, con mayor o menor acierto, explicarle porque los ciudadanos necesitan del Periodismo para vivir libremente en sociedad.

Alguna vez, ha escuchado hablar del colega Galeano. Sé que Eduardo no es tan afamado como el cosmopolita Jay Leno o tan dicharachero como nuestro criollo Julio César Rodríguez. Sin embargo, en cierta ocasión, él discurrió una de las razones por las cuales hoy tomo su tiempo, "la impunidad es hija de la mala memoria. La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, otorga impunidad a los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso, que miente con admirable sinceridad. La memoria de pocos se impone como memoria de todos".

He ahí, uno de los motivos por los cuales el Periodismo es inherente a la sociedad. Es patrimonio. Es legado. Es retrato vivo. La prensa ha de ser un ente combativo frente a la impunidad, porque una sociedad que se niega a escuchar su historia cae en la penitencia de repetirla. Por vastos años que se obstaculice, falsee o niegue la historia, ella siempre ha de buscar la luz. Ahora bien, espero me permita continuar.

Percátese que hasta aquí, no ha sido tema: los ratings, las lolas (Ni la rusa Melnick, ni menos las de Coté López) o los amoríos de algún galancete futbolero-novelesco. Y no lo serán. Pues en esta hoja, el Periodismo es concebido como necesidad social y no como mercancía. Un artículo periodístico no es semejante a una cajita feliz, sino es un derecho social de los pueblos a adquirir una mirada de la realidad, como también a expresarse libremente. Usted ha de suponer que en mí habla la credulidad.

¡Es que no todo está perdido!. De aquí en más, la discusión periodística no está en torno a cómo ordenar seis doble uves con la basura que día a día nos entrega la caja maldita. No ha de verse escuetamente al Periodismo como una serie de técnicas narrativas, pues éste adquiere su legítimo sentido no desde la pirámide invertida, sino desde una dimensión sociocultural e histórica. No refleja la realidad, sino que contribuye a edificarla.

Ha de pensar que… ¿Sigue ahí? … Disculpe si mis palabras le han de parecer poco realistas, quiméricas, fantásticas u ilusorias. Pero, arriesgándome a dilapidar lo que he conseguido hasta ahora, un poco de la bendita credibilidad, le narraré algo que hoy casi parece imposible. "Santiago posee una obra hecha por la naturaleza y el arte. Sabe de todo y anda al galope. Hace libros y frases, nouvelles á la main. Su prensa es numerosa y sus periodistas son pujantes, firmes en la polémica, peligrosos en las luchas. Santiago ha sido heroica y vibrante en tiempos de conmociones. Es ciudad que nunca será tomada".

Es Rubén Darío, periodista y genio poético, quien describía a Santiago y a nuestra prensa en los albores del mil novecientos. Sabe, más que realizar una sentida añoranza como la de Santibáñez, le propongo una alentadora esperanza… Si en cien años llegamos hasta aquí, quien nos impide que en los próximos cien años nuestra prensa vuelva ser lo que fue… Porque, al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

miércoles, agosto 23, 2006

¡¡MALA RAJA QUE SE ARRUGUE LA PIEL!!

Saluda al mundo con el ala de un extraño sombrero, su traje de ropa americana, la piel roída por los años, la dentadura que heredó de su madre y un condón en la mano: "Este es el tiempo de acercar el placer y alejar el dolor". Raúl Alarcón, Florcita Motuda, es pura libertad.

Si Florcita Motuda es un personaje singular, Raúl Florcita Alarcón Rojas también lo es. Este hombre pequeño, de palabra fácil y una boca que desborda risas, empapado en simpatía y amabilidad, se ataranta para ofrecer la comodidad de su casa al servicio de la entrevista.

Siempre festivo, vestido de una manera poco tradicional, envuelto en un aura de buena onda y rodeado por los mágicos poderes de su amada naturaleza, se inquieta por encontrar un buen lugar donde ubicarnos.

Fiel a su estilo, vivaz y alborotado, me pregunta –en menos de un minuto– por lo menos tres veces dónde prefiero conversar. "Ya pos cabro, ponte cómodo nomás y empezamos de una con la cuestión". Es un anfitrión nato. Un delirante seductor.

A sus cincuenta y nueve años, Florcita asegura que lleva cantando más de cincuenta con su voz desteñida. A casi tres décadas, se recuerda inmerso en el vértigo de Santiago, con Los Stereos –su primera banda– llegando desde Curicó, acostumbrado al piso de tierra y al techo de parrón.

Desde entonces, ha escrito más de cien canciones. Comenzó con "La gran fiesta" en vinilo, pasó por los cassettes re-grabados en la época de la dictadura y finalizó su discografía con "Bienvenidos al milenio ¡todos invitados!", remasteriza’o y con surround, en compact disc. "Nací el año del mono, pero me siento de veinte", dice esbozando una sonrisa.

¿Cuál es el secreto de tanta juventud?

"Estoy a un cacho de los sesenta, pero uso sólo veinte años. Mala raja que se arrugué a piel, es culpa de la ciencia médica que no se las arregla para prolongar la vida en buenas condiciones".
Florcita es un peregrino frenético, esquizofrénico, maniático, según cuenta Raúl Alarcón.

Desde que emigró de su natal Curicó, no ha parado de deambular por las rutas musicales alternativas de Chile. Es un éxito en la escena underground nacional. Un objeto de culto. Esto quizás se deba al amor que Florcita le profesa a la música.

"Al principio decía, espero que la música me dé para vivir. Pero después me pregunté, si la música no me da para vivir yo dejaría la música. Entonces, me di cuenta que mi forma de vida es la música. Yo vivo por ella", expresa alegre.

"Ya tenis que estar pensando: este hueón tiene el típico discurso hecho, pero nones". Florcita me inquiere. Sólo atino a decir que no. No por congraciar, sino porque en cada palabra, Raúl Alarcón deja entrever que adoptó a las notas musicales y al pentagrama para componer su vida.

De hecho, habla que su vida no se maneja por el tiempo común y silvestre, sino por el tempo, el tiempo musical. "El tiempo musical tiene tantas significaciones, como el universo estrellas. Cuando uno comienza a manejar el tiempo, empieza a ver que las posibilidades del tiempo son subjetivas y se puede andar en un tempo andante a piaccere. Accelerando, rallentando. Uno puede vivir a distintas velocidades. Depende de la intención de uno".

¿Cuál es tu intención, cómo se diferencia tu tiempo del tiempo de los otros?

"Yo observo a la gente que vive en un solo tiempo... graciosamente comienza a imitar los engranajes de un reloj… tutatutatutatutatuta. Sí ahora la gente hasta hace el amor así…tutatutatutatutatuta… dentro, fuera, dentro, fuera, dentro, fuera. Todo es una lata. La gente no tiene musicalidad, les falta la textura de la intencionalidad creativa. Yo ejercito mi intencionalidad creativa en la música. Un recinto hermético donde ejercitar la originalidad. En mi vida cotidiana hay creatividad, soy creativo en el vivir, en el comer, en el construir, en el amar en el fornicar. Tengo una buena calidad de vida. Vivo como millonario".

"No mires las paredes hueón. ¡Si no me refiero a acaudalado!". La risa me embarga, Florcita continuamente me invita a festejar, a celebrar que tenemos el tiempo de conversar. Entonces dime, ¿Cuál es tu preciado tesoro?

"Mi tiempo. Me declaro millonario en tiempo. De muy niño tuve muy claro lo que quería ser de adulto… flojo. Lo logré. No tengo ambiciones grandes, por eso tengo tiempo para reflexionar acerca de todo. De lo vivido, lo amado, lo leído, lo fornicado. De todo. Satisfago la necesidad íntima de pensar. Es mi digestión espiritual. Me hago una idea de fuerza de lo que quiero internalizar, la doy vuelta, y la canto. Es una forma de llevar a cabo mi pensamiento humanista".

En un rato me has dado una clase magistral de creatividad, te diría que casi expeles originalidad. ¿Cómo nace en ti la creación, cómo compones, cómo inventas?

"De aburrido. Pero cabro porqué me pones esa cara, creís que te agarro pa’l hueveo. En serio, en un inicio de aburrido me puse creativo. Por eso, el aburrimiento es un estado pre creativo. Tengo tanto tiempo para pensar, que voy acumulando material. Por ejemplo, cacha esa mosca que se paró arriba. ¡Me está ocupando el espacio aéreo¡ ¡Qué bien hecha la mosca¡ ¡Quién podría hacer un avión tan chiquito¡. Uno puede pensar cualquier huevá, teniendo tiempo, preferentemente llamado tempo. El problema es que nadie tiene tempo, por eso piensan siempre las mismas cosas".

Florcita, hasta ahora todo claro. Sin embargo, aún me queda un aspecto en la nebulosa. ¿En qué se diferencia tu creatividad de la del resto?

"Mi creatividad se enmarca en el movimiento humanista, me da el contexto, el punto de vista. Si se me acusa de original, esa culpabilidad no es solo mía es parte del movimiento humanista".

¿En qué sentido? "Antes era como un botón tímido, tenso, apretado, como un típico azar. Dentro del humanismo logré florecer. Gracias a él, mis composiciones tocan temas trascendentales, que saltan época. El tema de la felicidad, de la violencia, la teleadicción, el cariño por la gente".

Por lo tanto, Florcita Motuda se distingue del resto de los compositores por…

"Porque soy joven, los cabros no nos quedamos pegados, nos movemos con la irreverencia saludable. Lo que pasa es que la canción popular se ha visto restringida a un solo tipo de emocionalidad: a lo que definen como amor. Pero en realidad, lo que llaman amor tiene que ver con baja autoestima, Tú ya no me quieres, soy un pobre hueón, por favor ámame, que sin ti no soy nada… con la sospecha, me cagas, te mato y te cago… o bien la violencia, ódiame por piedad yo te lo pido. Yo habré escrito dos o tres canciones con respecto al amor, pero mi canción no es cuadrada, no está aficciada ni ahogada por ese amor de auto degradación. Cualquier persona que grafique otras emocionalidades va a saltar época".

"¡Se me emocionó este hueón! Un vaso con agua, no te ofrezco copete porque no tomo". No Florcita, no te preocupes. Si no es emoción, es tos. Lo que sí me interesa es eso de que no bebes, ¿Cómo te llevas con el alcohol y las drogas?

"Yo aspiro a la lucidez, como hay tiempo uno puede abrazar diferentes ideas. El resultado de esa idea puede aparecer como un delirio como una hueá loca. Entonces, la curadera y la voladura te llevan a una escasa capacidad de adaptación en el medio y no me gusta que sea así. La lucidez es mi valor, no el delirio. Yo ni siquiera tomo, porque tomo un poco de cerveza y me da sueño. Tomo pisco sour y me quedo dormido. Hace años, fume yerba dos días seguidos…"

¿Nunca te fumaste algo para darle cierto toque al estado de ánimo en escena?

"Eso te voy a contar. Si he fumado yerba, pero al otro día fui a cantar y se me olvidaron las letras. Para mí eso es un espanto, porque la hueá me perjudica con lo que es la música y si me caga con lo que amo lo mando a la chucha".

Entonces, ¿un rotundo no?

"Claro que no, si lo de la yerba fue porque estaba boludeando. Yo cuando canto necesito estar lúcido, ser un compadre vivaz. Necesito tener un registro agradable del cuerpo, estar conectado con los compañeros y con la gente presente. Necesito conexión con la memoria, con la canción que voy a cantar, con la percepción emotiva. Es como tener sexo lúcido, necesitas a la memoria para poder reproducirlo, representarlo, escribir paso a paso como fue. Necesito tener mis aparatos de registro de memoria claritos para poder aprender. Enfermo de volao, cocio, jalao, lo que buscas es menguar las voces de los jueces internos. Callar y enturbiecer la censura intrínseca".

Señalas la existencia de unos jueces internos. En tu cabeza, ¿ellos gritan, hablan, musitan o están enmudecidos?

"No puedes hacer caso omiso de los jueces propios. No puedes pasar por alto la censura interna. No he disminuido a mi conciencia, no la he ensombrecido. Más bien aprendí a conocerme interiormente. Con la edad, mis jueces han disminuido. Vivo con mayor libertad. Me permito un rango vital bastante amplio, ir de los más degenerado a lo más místico con mis banderas en alto. No tengo ningún dictaminador que me hueveé los pollitos".

¿Se relaciona de alguna manera con lo que denominas una libertad sin crítica y estableces como uno de tus principios fundamentales?

"Claro, exactamente. Una libertad sin autocrítica como se entiende la autocrítica. Por supuesto, uno tiende a la reflexión acerca de lo que ha vivido. Uno busca consenso interno, o de repente hace cosas sin consenso y después registra como estuvo. Y ahí construye un registro de su propia vida, de lo que le es bueno y le es malo, eso toma tiempo. Consecuencias acerca de lo vivido".

Lo vivido… Cincuenta y nueve años…

"No pos hueón, recuerda que uso sólo veinte. Si lo único viejo es el caracho".

Florcita, ¿reniegas de tu adultez? ¿Pretendes ser un Peter Pan de la música criolla?.

"Desde el punto de vista de temer al envejecimiento, no. Envejece mi piel, ni cagando envejezco eternamente, la ciencia médica ya producirá los elementos para que la gente no sea tan fea cuando vieja. Me hago cargo de mi calidad de adulto, solo que convive con el pendejo interno y que tiene fuerza igual. Desde ese punto de vista, tengo diferentes edades, pero me gusta decir que no asumo la edad psicológica que tengo, dado el correlato psicológico que corresponde con esa edad. No lo tomo. Me concibo más joven y eso es lo que reivindico".

¿En esa negación, subyace algún miedo a la muerte?

"No, ningún miedo a la vejez, ningún temor a la muerte. En realidad, algún susto debo tener. De repente, me cago de miedo. Pero mi acento esta puesto en ser vital y seguir haciendo cosas, creando, inventando por harto rato más."

¿Cómo lo dice tu canción, Pronto Amanecerá?

"¿La cachai hueón? Cantemos entonces, cuando el sol se apaga en el mar, pensarás que el sol se ha muerto, pero aunque no lo creas tú, tras la tierra está viviendo… Y pronto amanecerá".

Aunque en un rincón de la habitación, Raúl Florcita Alarcón Rojas canturreaba que el amanecer estaba cerca, la conversación llegaba a su ocaso. Me parecía raro que pudiera profetizar que el alba se encontraba lindante, siendo que eran las dos y media de la tarde. Él es así, un loco bueno, de aquellos que escasean en el mundo, tipos con el alma al aire, de corazón desnudo. Como él dice: "Catrala, batrola, sortuna, farola, Florcita Motuda a carita desnuda".